YUSLEVI
Las manos de ese chico subían por mis caderas, sabía que él me estaba mirando, era casi imposible no sentir esa mirada matadora de parte del alemán. Estaba celoso, eso era bueno, quería que hirviera y sintiera enojo.
—Tú estás sola y yo también —susurró el desconocido, cerca de mi oído.
—¿Y qué propones? —pregunte coqueta, sabía que me iba a quemar con este juego.
—Ven. —el chico al que aún no le conocía nombre, me sujeto de la muñeca y me saco de la pista de baile.
Sé que estaba lle