Capítulo 96: Como quieras, majestad.
Adela estaba sentada en su celda mirando como las presas de enfrente la miraban con desprecio, pero no le importaba, porque sabía que con su historial terminaría encerrada en un tranquilo manicomio, y que su paso por aquella prisión era temporal, que ninguna de aquellas mujeres llegaría a ponerle un solo dedo encima. Entonces Adela sonrió con sorna, enseñando el dedo corazón a las mujeres que parecían estar deseando ahorcarla con sus propias manos.
–¡Valverde tienes visita! – Anunció una de la