Un mes después Zoe jugaba en el jardín con Iker mientras que sus padres se habían apartado un rato de ellos para tomar unas cervezas y así descansar un poco después de haber estado horas jugando con los niños.
–¡Muy bien cariño, enseña al conejito que tú eres una cazadora! – Exclamó Felipe viendo como
Zoe iba detrás de Iker amenazándolo con su pistolita de agua y Hugo le dio un codazo suave. – ¡¿Qué?! – Preguntó mirando a su amigo. – No me mires con esa cara porque es la verdad, mi hija es toda