CAPÍTULO 39. MI RAZÓN DE SER
Al sentir el firme impacto sobre su rostro, Guillermo la liberó de su agarre y colocó una de sus manos sobre la nariz, cubriendo al instante el sangrado que comenzó a fluir. La miró completamente desconcertado, y se movilizó a tomar un pañuelo desechable intentando detener la hemorragia nasal..
— ¿Qué te ocurre? —indagó acercándose con lentitud a ella, ¿lo golpearía por lo ocurrido con Maritza?, era algo que jamás se hubiera imaginado, no entraba en su lista de posibilidades, la había imaginado