CAPÍTULO 22. ¿Y SI ME VUELVO A EQUIVOCAR?
Los ojos de Isabella se fijaron en sus carnosos labios, no podía dejar de desear acariciarlo y volver a sentir que flotaba entre algodones de azúcar.
—No, no puedo negarlo —respondió sin dejar de mirarlo—. Son muchas cosas las que me detienen —confesó—. Soy madre de una niña que solo me tiene a mí. Y mi deber es pensar primero en ella antes que en mí. Tengo compañeras que pasan por mi misma situación, y se han encontrado con el rechazo de sus parejas hacia sus hijos, algunos de ellos, los han l