Una hora después.
En la casa Greco.
En la habitación de Ysabelle
—Anda, abre la boca —dijo Christopher dándole de comer a Ysabelle.
—No tengo hambre —habló ella quejándose.
—Anda, di ah...
—Está bien.
—Así me gusta —dijo él dándole la comida.
Tiziano entró a la habitación.
—Hola, cuñada.
—Hola —habló ella sonriendo.
—Me enteré de que estás enfermita —comentó él sonriendo.
—Sí, entra, deja de meterle habla; a duras penas le estoy dando de comer —dijo Christopher, sintiéndose un poco frustrado.
Tiziano estaba sonrojado.
—Lo siento.
—No lo trates así —dijo Ysabelle seria.
—Deja de hablar y come —le ordenó.
Ysabelle se puso molesta; seguía comiendo a duras penas.
—¿Te traje algunas galletas? —comentó Tiziano, inseguro; Stefano era un peligro.
—Gracias, hermano, ¿y el trabajo?
—Está muy bien, ¿y el tuyo? —le preguntó.
—Pedí unos días libres para cuidarla mejor —le respondió.
—Yo también podría cuidarla —ofreciéndose él.
—No, ¿cómo crees?, solo será unos días nada más —comentó Ysabelle aver