Viajar con un Fernández era realmente diferente a lo que uno suele hacer en la vida. Nunca me importo si viajaba en un metro, camión o en un taxi, pero debo decir que viajar en un avión de una aureolina italiana privada y de primera clase, fue como tocar el cielo con las manos y sentirlo. Fue el paraíso total. Mi vida había cambiado por completo y esto era, gracias a el hombre que sostiene mi mano mientras cruza su pierna con elegancia. Él esta relajado mientras viste un saco color rojo y unos