Habíamos llegado a Monterrey.
El viaje no fue tan pesado, ya que nos trasladamos en jet privado. No puedo negar que para mí fue bastante difícil no tratar de asombrarme con todo lo que veía. Por otra parte, a William se le veía feliz cuando me veía sonreír como una niña pequeña. Todo esta riqueza y opulencia, era realmente extraña y absurda para mí, pero llego un momento en donde solo me dejé llevar y empecé a disfrutar.
Claramente el clima de Monterrey es muy caliente, así que de inmediat