Habían pasado dos meses desde la muerte de mi padre. El dolor de su ausencia aún pesaba en mi corazón, pero el mundo no se detenía por mi sufrimiento. A los quince días de su fallecimiento, se leyó su testamento. En él, mi padre había incluido una cláusula inesperada que ahora me encontraba discutiendo en la junta de accionistas.
En la imponente sala de la junta directiva, me sentía acorralada por las miradas inquisitivas de los miembros de la junta. El ambiente estaba cargado de tensión. Mi pr