Sabrina sonrió educadamente, «¿De verdad Alejandro quiere perseguirme?»
Ella lo rechazó: —Solo acepto las flores de Francisco.
—Es una pena —Alejandro mostró un poco tristeza y preguntó—. Aquel día en el jardín del hotel, ¿lo que dijiste era mentira?
—Sabía que Francisco estaba detrás de mí y se lo dije a propósito.
Alejandro se quedó helado y se rio, «Resultó que era yo el payaso. ¡Qué ridículo!»
—¿Por qué te gusta tanto Francisco? —Alejandro no lo entendía.
Sabrina no quería tomarle el p