En Madrid, estaba oscuro cuando Francisco se despertó.
En el dormitorio, solo se encendía una lámpara de pared.
Francisco inconscientemente intentó frotarse las sienes al despertarse, pero se encontró con que le sujetaba el brazo.
Vio a Sabrina que yacía dormida en su brazo.
Francisco recordó los sucesos de la tarde y la abrazó con más fueza.
«Afortunadamente, no está herida.»
Su movimiento despertó a Sabrina, que abrió los ojos.
—Estás despierto.
—Estás despierta.
Ambos hablaron al mis