Sabrina ya estaba borracha, se apoyaba en el pecho de Francisco y sacudió la cabeza con fuerza, —No... Yo...
De repente, Sabrina levantó la cabeza y se agarró a la corbata de Francisco mientras lloraba, —Es culpa mía, me odio a mí misma...
Sabrina ya no podía controlar su llanto.
Francisco se quedó de piedra, pensaba que la estaba molestando, pero no se dio cuenta de que ella estaba molesta consigo misma.
«¿Por qué?»
Francisco calmó a Sabrina, acariciándole la cara, —Sabrina, ¿por qué te od