Alejandro estaba orgulloso.
A Francisco no le importaba, —¿Supo el abuelo quién eras?
Alejandro se rio, —Claro que sí, si no fuera por él, papá y mamá me habrían mandado al extranjero.
Francisco frunció el ceño, «El abuelo realmente supo de todo esto.»
De pronto comprendió por qué había dicho que lo sentía antes de morir.
En aquel momento, Francisco pensó que era una tontería.
Alejandro observaba a Francisco y se burló: —Hermano, eres hijo de papá y no te tratará mal. Pero de ninguna maner