En Inglaterra.
Después de conversar por teléfono con Sabrina, Rahman se puso nervioso, como si estuviera caminando sobre brasas ardientes.
Tras reflexionar un rato, Rahman no pudo quedarse quieto y decidió llamar a Francisco.
—Hola, señor Francisco.
Aunque la voz al otro lado del teléfono permaneció en silencio, Rahman no se inquietó y continuó hablando con calma:
—Tengo un asunto comercial que me gustaría discutir con usted, ¿está interesado?
Después de unos momentos de silencio, Francisco