GENESIS
4 meses después
—No… no puede ser… —Murmuré con la boca llena, justo cuando estaba a punto de meterme otro chocolate a la boca. Era uno de esos chocolates que se derretían lentamente, dulces, perfectos, peligrosos… y totalmente prohibidos por Leyla.
Como si la hubiera invocado con el pensamiento, la puerta de mi oficina se abrió de golpe.
—¡¿Qué estás comiendo?! —chilló Leyla, y yo casi me atraganto.
Tragué rápido y escondí el chocolate detrás del monitor como si fuera un arma ilegal.