Me sentía nerviosa; teníamos cinco minutos que habíamos llegado a casa, pero aún estábamos en el auto. Yo aún me debatía si entraba o no.
—Todo estará bien —habló Felipe, con quien no estaba nada contenta, ya que no se había renegado de venir.
—¡Tú no conoces a mi familia! Inclusive este no era el momento adecuado para que te conozcan; me parece demasiado pronto.
—Todas las familias tienen algo malo, no existe la perfección en ningún lado.
Ya lo sabía, pero no era el momento; apenas teníamo