Ashley
La máquina que monitoreaba su corazón hacía un sonido que era lo único que me mantenía con vida.
Bip. Bip. Bip.
Constante. Rítmico. Que no se había ido. Que las dos balas que le atravesaron el pecho no le arrancaron lo que a mí me mantenía respirando.
Deivyd estaba acostado en la cama del hospital con tubos en los brazos, cables en el pecho.
Había salido del quirófano hacía dos horas. El cirujano dijo que las balas no tocaron el corazón pero que una le perforó el pulmón izquierdo y la ot