Ashley
Deivyd estaba en el suelo y mi hermano estaba de pie sobre él como un juez dictando sentencia desde arriba.
—¡Yo te confié a mi hermana! —gritó Ethan, y su voz retumbó por el pasillo del resort como un trueno que no necesitaba nubes—. ¡Te la confié! ¡Te dije que la cuidaras! ¡Que la vigilaras! ¡Que eras como su hermano mayor! ¡Y te aprovechaste de eso!
—¡Ethan, para! —grité, lanzándome entre los dos con los brazos extendidos—. ¡Déjalo! ¡No es lo que piensas!
—¿No es lo que pienso? ¡Lo ac