Leyla
Vi cómo se los llevaban.
Claire entre dos policías, con la espalda hundida y la mirada en el suelo, sin lágrimas esta vez, sin actuación, sin la sonrisa venenosa que me dedicó la primera vez que me llamó modelito barata en la sala de la casa de Noha. Derek esposado, con el traje arrugado y la mandíbula apretada de un hombre que acaba de descubrir que el juego que creía estar ganando lo perdió hace horas.
Los vi desaparecer dentro del ascensor. Las puertas se cerraron. Y con ellas se cerró