Leyla
Miré el reloj por decimoquinta vez en una hora. Las once y cuarto. Noha no aparecía.
Su mensaje de las ocho de la mañana había sido escueto: *“Estoy resolviendo un asunto importante. Llego más tarde.”* Sin explicación. Sin contexto. Sin un “buenos días, Leyla” que suavizara el golpe de una noche entera sin verlo después de habernos despedido con promesas de cena, postre y todo lo demás.
Intenté trabajar. Abrí la carpeta del proyecto de ropa inclusiva. Revisé los correos de los contactos i