— ¡Y tú! —Me señaló—. ¡Púdrete!
—¡Así es como me agradeces que te salvara! —En verdad que esta mujer era una malagradecida
—Nunca… nunca te lo pedí —Intentó caminar, pero lo único que logró fue recostarse en la pared de la casa. Eso me confirmaba que estaba borracha.
Pero lo que más me asombró fue que empezó a reírse sin motivo alguno.
—¡Vamos a tu casa! — la tomé de un brazo
— No me toques… yo … yo puedo sola —puso un cigarrillo en su boca, dio una calada y luego lo tiró al suelo, intentó p