Noha
Leyla me arrancó la tarjeta de la mano con la velocidad de una carterista profesional.
—Yo me quedo con la cama —anunció, agitando la tarjeta frente a mi cara—. Tú puedes quedarte en el sofá. O en la bañera. O en el pasillo. Me da igual.
Se giró hacia la recepcionista con una sonrisa encantadora
—Disculpe a mi jefe —le dijo en un tono de confidencia que toda la recepción pudo escuchar—. Los hombres a veces son tan exagerados. Una cama grande y ya creen que es el fin del mundo.
La recepcio