Mundo ficciónIniciar sesiónApós perder meu bebê, saí do hospital sozinha. A cabeça pesada de pensamentos, eu só queria encontrar Daniel Cardoso, meu marido. Lá estava ele na frente do consultório. Já estava com a mão no ar para bater na porta quando a conversa veio cortando igual navalha: — Tire o útero dela. Não quero mais filho nenhum da minha mulher. Vi ele puxando pela mão aquela que conhecia tão bem, Amanda Cruz, a secretária dele de três anos. Colocou ela na frente do médico, a mão dele na barriga dela como um dono, com aquele olhar melado de doçura. — Esse menino aí tem que nascer custe o que custar. Último fio de sangue da minha família. Eu ficava ali, paralisada. Ele agora falando rápido, a voz saindo engasgada de ansiedade: — Use os melhores remédios! Não permito que nenhum imprevisto ocorra! Minha mão escorregou da maçaneta feito queimada. Um calafrio correu da nuca até os pés, aquela friagem no peito que nem dava para explicar. Logo após perdermos nosso filho, jamais imaginei que o homem com quem dividia minha cama pudesse agir com tamanha maldade contra mim. A fé que eu tinha naquele homem virou estilhaço. Cada palavra dele era uma facada justo onde já estava doendo pela perda. Se amor tivesse jeito certo, com certeza era diferente disso. Não era segurar com unha e dente, era saber largar na hora certa.
Leer másCualquier pensamiento que hubiera podido tener Winter en esos momentos se detuvo, observando como frente a ella el médico se pasaba una y otra vez la mano sobre su firme barbilla. Nerviosamente se pasó las manos por las piernas, tratando de limpiarse el repentino sudor que comenzaba a humedecer las palmas de sus manos.
El consultorio estaba en completo silencio, parecía que incluso se podía cortar el silencio incómodo que había en aquella habitación con una navaja. Únicamente se podía escuchar la temblorosa y entrecortada respiración de Winter.
—¿Puede repetir lo que acababa de decir? —pidió ella, temblando en el incómodo asiento de cuero que aquel médico tenía en su consultorio.
—Observando los análisis no queda ninguna duda que usted se encuentra en su cuarta semana de gestación, felicidades. —soltó el médico con una gran sonrisa que la hizo querer regresar el estómago.
“Felicidades” pensó Winter antes de soltar una gran sonrisa nerviosa, ser madre nunca había estado en sus planes y sin duda nunca lo estaría. Ni siquiera podía recordar cómo es que su viaje a México la terminó llevando hacia aquel consultorio de mala muerte.
Estaba completamente segura de que se volvería loca, no podía ser madre, no estaba lista y nunca lo estaría. Estaba completamente segura de que nunca podría hacerlo, no había nacido para ser una madre, había nacido para ser la marginada de la familia y hasta el momento le había sido muy sencillo serlo.
No tenía un trabajo estable, no tenía un departamento de lujo al igual que su familia y sobre todo no tenía una pareja a la cual pudieran hacer responsable de aquel bebé. Con suerte podía llegar a fin de mes cada vez que ella trabajaba horas extras, no quería ser madre, no tenía el suficiente dinero para mantener una pequeña vida que seguramente intentaría matarse cada vez que ella le quitara la mirada de encima. No podía imaginarse a sí misma sin dormir por culpa de su hijo, simplemente no podía imaginarse a ella cambiando pañales cada dos horas, amamantando y cuidando de una pequeña vida cuando ella ni siquiera podía cuidarse a la perfección. Tenía miedo y su rostro no podía ocultarlo.
Su pálida piel parecía haber perdido por completo la poca pigmentación que tenía, sus labios temblaban levemente y su respiración parecía a la respiración que tenía un corredor después de un maratón.
Podía sentir como la ansiedad se filtraba bajo su piel para tomar completo control de ella, estaba a punto de entrar en pánico, quería escapar de todo pero no podía encontrar algo que pudiera ayudarla a escapar.
Ni siquiera sabía quién era el padre de aquella pequeña señal de vida dentro de ella, no podía recordar nada de lo que había sucedido en aquella pequeña escapada a México, de lo único que podía estar completamente segura era que haber bebido una gran cantidad de alcohol le había jugado en contra y ahora se encontraba en problemas.
—Señorita, ¿Usted se encuentra bien?—preguntó el médico, observando cómo frente a él su paciente se desplomaba por culpa de la repentina noticia. —¡Señorita!—gritó antes de correr y evitar que ella se golpeara la cabeza con el suelo.
Al despertar lo único que pudo hacer fue buscar desesperadamente su celular, en busca de la única persona que había estado a su lado desde que tan solo era una niña.
“En el mismo lugar de siempre, ahora. EMERGENCIA, REPITO, EMERGENCIA.”
Escribió en el mensaje de texto que envió a Vania, estaba completamente segura que ella entendería de inmediato aquel mensaje de texto. Ni siquiera pudo agradecerle al doctor antes de salir del consultorio con los resultados de los exámenes que le habían realizado unos cuantos días atrás, solo quería huir de aquel lugar, encontrar unos brazos seguros que pudieran protegerla de la gran cantidad de pánico que tenía.
El pasillo de aquel hospital le parecía tan trágico con sus colores pálidos y con cada paso que daba hacia la salida de aquel lugar se convencía más a sí misma que no estaba lista para lo que el futuro planeaba regalar. No quería imaginar lo desastrosa que se volvería su vida por culpa de un hijo, odiaba imaginar la cara que pondría toda su familia al saber la “Maravillosa” noticia. Estaba totalmente segura y convencida que cada uno de los miembros de su familia la mirarían peor de lo que normalmente solían hacerlo. La compararían con cada una de sus hermosas primas que habían terminado casándose con exitosos empresarios que normalmente gastaban a diario lo que ella podía ganar en un mes (Y con mucho esfuerzo).
Su corazón dio un pequeño brinco de alivió al entrar al restaurante que siempre solía visitar con Vania y darse cuenta que ella ya se encontraba en su mesa favorita, esperando por ella con el rostro lleno de preocupación, mordiéndose las uñas postizas que se había colocado hace unos días. Como era de costumbre movía sus piernas una y otra vez.
—Lo siento por llegar tarde. —apenas pudo decir antes que se pusiera a llorar como una niña pequeña frente a la mesa.
—¿Vas a morir? —preguntó Vania, llevándose las manos hacia el rostro. Preparándose para romper en llanto en cualquier momento.
—Estoy embarazada y no sé quién es el padre —soltó, pronunciando levemente las últimas palabras. No podía creer que acababa de decir aquellas palabras. Nunca hubiera imaginado que esas palabras tuvieran que salir de sus labios. Haberlas tenido que decir le había dejado una amarga sensación.
—¿Qué es lo que acabas de decir? —preguntó Vania, estirando sus brazos
—Acabo de decir que estoy embarazada.
—¡Pero si tu nunca has estado con alguien, ni siquiera con Walter! —dijo Vania, viendo a Winter sentarse frente a ella. —Bueno, en estos momentos no debería de estar prácticamente regañándote, mejor explícame que es lo que ha sucedido.
Winter se masajeó las sienes con suavidad, pensando en la explicación que Vania acababa de pedirle, ni siquiera había una manera adecuada de explicar lo que estaba sucediendo. No recordaba prácticamente nada y eso era lo único que sabía.
—No lo sé —susurró después de unos segundos en silencio, clavando su tímida mirada en cualquier lugar que no fuera Vania.
Estaba tan avergonzada que deseaba esconder su rostro en alguna parte, no tenía el valor de levantar la mirada de aquella desgastada mesa de madera, simplemente no tenía la osadía de fingir que se encontraba perfectamente bien cuando sentía que todo su mundo se derrumbaba.
—¿Alguien abusó de ti, eso fue lo que sucedió? Si eso realmente sucedió...puedo ayudarte. No tienes por qué tener un bebé que te recuerde a tu abusador.
—Esa para nada es una opción, es decir...el abuso.
—¡¿Entonces qué fue lo que realmente sucedió?! —gritó Vania, atrayendo unas cuantas miradas de odio de los comensales que se encontraban en aquel lugar relativamente barato.
Winter negó y clavó la mirada en el anuncio de Waffles al 2x1 y suspiró antes de señalar. Aquel atractivo anuncio.
—Pidamos eso que tengo hambre —soltó con un ligero puchero.
Vania únicamente suspiró de frustración, levantando la mano antes que uno de los cuantos meseros pudiera hacer contacto visual con ella.
—Fue en México, ¿Cierto? —preguntó, sin alejar su mirada de aquel joven mesero que se acercaba a su mesa con ligeros pasos. Por un momento miró a Winter y asintió antes de bajar el brazo —entonces no queda de otra, iremos a México a buscar al padre de ese niño.
—¿Qué? —preguntó Winter, llevando una de sus manos hacia los labios, negando al mismo tiempo que veía por primera vez en esa ocasión que veía los ojos de su mejor amiga. —Eso es imposible.
—Compraré los vuelos esta misma noche, mañana nos vamos a México.
—¡No tiene sentido ir!
—No tener sentido es no buscar al padre de tu hijo, lo encontraremos, te lo prometo Winter.
***
Toda la habitación se encontraba en silencio, los rayos de sol entraban libremente a través de las delgadas cortinas blancas que se movían suavemente de un lado a otro por culpa del agradable viento que se filtraba por la ventana del hotel. La ciudad parecía estar completamente silenciosa aquella mañana en especial Ethan podía escuchar suavemente el cantar de las aves mientras se movía sobre la lujosa cama.
Al abrir los ojos lo primero que pudo ver fue la tormenta que caía sobre la ciudad, soltando toda su fuerza natural sobre el lugar. Por un momento soltó un gran gruñido al tratar de obligarse a sí mismo abandonar aquella cama que lo hacía sentir lleno de tranquilidad, amaba pasar los días lluviosos en cama, leyendo un buen libro de negocios que cultivará su mente para poder enfrentar el duro futuro que tenía frente a él, listo para golpearlo en cualquier momento.
Su adormilada mirada se pasó de un lado a otro por aquella habitación de hotel, habitación que se había convertido en su hogar desde que había decidido pedirle el divorcio a Beaty Parker y le quitara la casa por dos meses. Aunque tuviera millones para comprarse una nueva propiedad había decidido que la habitación de su lujoso hotel sería su hogar hasta que Beaty decidiera abandonar la llamativa mansión que a él le pertenecía.
Los conocidos cinco golpes que sonaron sobre su puerta como cada mañana lo hicieron llevarse las manos al rostro, al mismo tiempo que se sentaba en la orilla de la cama perfectamente desordenada. No quería ir a trabajar, quería quedarse a descansar al menos por un día entero pero al ver el rostro de su asistente al entrar a la habitación le hizo pensar que si no se levantaba de la cama podría ser golpeado en cualquier momento.
—¿Hoy es un mal día? —soltó con su voz gruesa, completamente adormilada mientras que con sus manos peinaba su revoltoso cabello lacio. Todas las mañanas era lo mismo, su cabello despertaba completamente lleno de estática que lo obligaba a tener que peinarlo de inmediato para no lucir como un completo desquiciado. Cada mañana que veía entrar a Drake entrar por la puerta de su habitación solía preguntarle si el día era bueno, si los gruesos labios de Drake le informaban que era un mal día entonces él tendría cuidado con su asistente durante todo el día ya que normalmente Drake solía mantener un carácter bastante “Especial”.
—Oh no, hoy es un día perfecto señor Ethan —contestó Drake, negando suavemente con el elegante traje negro de Ethan entre sus manos. —Hoy es el día perfecto para que mi señor finalmente sepa en qué parte del mundo se encuentra su repentina nueva esposa.
—¿Estás tratando de molestarme? —preguntó Ethan antes de ver a Drake soltar una gran sonrisa de oreja a oreja, justo antes de levantar la ceja con bastante fuerza para fruncir su ceño por unos mínimos segundos.
—Hoy es un día perfecto para aparecer en cada una de las portadas de las revistas nacionales e internacionales, ¿No lo crees?
—¿Cómo piensas que apareceré en todas las portadas? —preguntó Ethan, finalmente levantándose de la cómoda cama que lo había ayudado a descansar durante toda la noche.
Los jóvenes rasgos de Drake se estiraron levemente al soltar una gran sonrisa llena de honestidad.
—Dando un anuncio, anuncia que está buscando a su esposa y le aseguro que cada una de las revistas de esta ciudad hablarán sobre ti. Bromeo, esta tarde saldrá la noticia sobre su divorcio, oficialmente después de un mes se revelará que ustedes se encuentra separado.— soltó antes de estirar ambos brazos hacia ambas direcciones, provocando que el elegante traje negro de Ethan cayera hacia el suelo de la habitación del hotel.— ¡Lo siento!
Esa tarde cada una de las revistas y noticieros de la ciudad llenaron sus portadas con perfectas fotografías de Ethan Miller. Escribiendo artículos con cada uno de los detalles sobre su repentino divorcio que había mantenido oculto durante un mes. Después de unos meses peleando por su libertad, finalmente la había podido atrapar y estaba completamente convencido que no permitiría que una mujer volviera a interferir en aquella libertad que finalmente había recuperado.
“El caballero del año finalmente está soltero”
“Repentino divorcio de Ethan Miller, nunca fueron una pareja feliz. Ocultó su divorcio”
“Se le acabó el amor a Ethan Miller, ¿Será que tiene a otra mujer?”
“Ethan Miller confiesa que nunca fue feliz”
Eran algunos de los títulos que más habían escrito en las portadas de las revistas aquel día, Ethan se mantenía tranquilo a pesar que toda la ciudad se mantuviera en caos por culpa de su divorcio.
Realmente lo único que le interesaba en esos momentos, era encontrar a la mujer con la que se había casado en México. El acta de matrimonio se dobló ligeramente entre sus manos, llamando la atención de Drake por un momento.
—No puedo creer que después de un mes sigo sin poder encontrarla, únicamente necesito una firma para cancelar mi matrimonio con esa mujer.
—¿No ha pensado que esto podría ser destino? —soltó Rosa con una gran sonrisa en su rostro, recargándose en la pared de mármol mientras sostenía entre sus manos unas cuantas revistas que habían utilizado a Ethan en su portada.
—No lo digas— pidió Drake.
—Acaba de terminar un matrimonio y mágicamente ha caído en otro. ¿Nunca pensó que esta mujer podría ser la mujer que realmente lo puede hacer feliz?
—No, no lo he pensado y estoy completamente seguro que haberme casado con una mujer la misma noche que me divorcié fue un completo error.— respondió Ethan al levantarse de su asiento, pensando en los pocos detalles que recordaba de esa noche y sobre todo en los mínimos detalles que recordaba de ella.
Lo único que su memoria le había permitido conservar de aquella noche era la completa inexperiencia de aquella mujer, sus movimientos nerviosos y su pequeña sonrisa coqueta. Estaba casi completamente seguro de que aquella mujer era rubia y tenía la piel completamente pálida.
Aún podía recordar cómo había despertado en aquella gran habitación de hotel completamente solo, sintiendo como la cabeza le explotaba por culpa de la gran cantidad de alcohol que había consumido la noche anterior. Podía recordar el suave olor a vainilla que se había quedado impregnado en las blancas sábanas del lugar y sobre todo nunca podría olvidar la manera en la que había descubierto que se había casado una vez más.
La felicidad que había sentido por finalmente ser soltero se había acabado por completo al descubrir aquella acta de matrimonio en su habitación de hotel. Necesitaba urgentemente divorciarse de aquella mujer, no le importaba la gran cantidad de dinero que pudiera perder debido a ese divorcio, simplemente quería con locura estar libre una vez más.
No quería admitirlo pero estaba completamente curioso por saber quién era Winter Parker, quería verla una vez más incluso si sólo era para divorciarse. Tenía curiosidad de saber que en ella lo había hecho perder la razón a tal punto de emborracharse completamente y terminar casándose con ella a pesar de haber sido una completa desconocida.
—Está decidido, mañana mismo tomaré un vuelo hacia México. Iré a buscar a mi esposa y terminaré con toda esta pesadilla de una vez por todas— soltó, arrojando el acta de matrimonio sobre su escritorio.
—Pero esta semana tiene mucho trabajo, señor —comentó Rosa, jugando nerviosamente con las revistas.
—No me interesa, encontrar una manera de arreglar todo. Simplemente cómprame un vuelo hacia México lo más pronto posible que estoy completamente harto de esta situación.
—¿Estás seguro?— preguntó Drake, frunciendo el ceño. —La última vez que fuiste a México no terminó nada bien. Me pregunto con qué regresarás esta vez, ¿Con un hijo?
—¡Regresaré soltero!— comentó Ethan completamente seguro.
Adentrei o apartamento sozinha, me antecipando ao ritmo daquele dia que parecia comum aos olhos alheios. Com gestos meticulosos, arrumei meus pertences, como se cada movimento pudesse apagar um pouco do passado. Na cozinha, mãos ágeis cortavam e preparavam os ingredientes, movimentos que meu corpo já conhecia de cor e salteado. O perfume da comida foi tomando conta dos cômodos quando, enfim, ouvi os passos de Caio chegando.Caio se acomodou à mesa em silêncio, seus olhos fixos em mim enquanto eu dava os últimos retoques no jantar. Lhe servi uma porção generosa de macarrão, nada sofisticado, mas quentinho e aconchegante. Vi quando atacou o prato com fome voraz, cada garfada, um elogio mudo à minha comida.— Fica tranquila, Rafaela. Aquela pessoa que te incomodava não vai mais aparecer na sua vida. — Disse Caio entre uma garfada e outra, com a casualidade de quem comenta a previsão do tempo. Seus olhos buscaram os meus, ansiosos por uma reação, mas encontraram apenas meu silêncio.— Tal
Uma semana depois, eu estava trabalhando meio período em um shopping, arrecadando fundos para crianças em um orfanato. Embora temporário, aquele trabalho me proporcionava um sentido de propósito que há muito não sentia.Quem poderia imaginar que, no meio daquela multidão de rostos desconhecidos, seria o de Amanda que surgiria diante de mim.Lá estava ela, a poucos metros de distância, com os olhos inchados e avermelhados, cravados em minha direção. Quando percebeu minha indiferença deliberada, finalmente tomou coragem e se aproximou.— Você realmente desistiu dele? Depois de tudo que ele fez por você... Mesmo após ver o relatório, ainda coloca a culpa nele? Foi ele quem montou aquele documento, peça por peça. Desde que soube da sua doença, cada página que lia o fazia desabar em lágrimas...Continuei fingindo que sua presença era invisível, baixando o olhar e me dedicando com falsa concentração à organização dos itens sobre a mesa.— Olha, Rafaela, Daniel está precisando de você. Só te
Daniel invadiu a sala feito um cavalo desembestado, empurrando Caio com violência e se plantando na minha frente, com os olhos faiscando de ódio.— Você jurou que nunca tinha me traído, mas quem é esse cara então? Eu me matei de procurar por você, e te encontro aqui, morando com outro? Rafaela, cadê sua vergonha na cara? — Sua voz transbordava mágoa e acusação, cada palavra afiada como navalha.Com semblante grave e ignorando a dor que latejava no braço, Caio se posicionou entre nós.— Ela não te deve satisfação nenhuma, e você não tem direito de aparecer assim. Sai da minha casa agora! — Seu olhar cortante não desviou um segundo sequer enquanto encarava Daniel.Cego de raiva, Daniel ergueu o punho e tentou golpear Caio, que num movimento rápido, agarrou seu pulso com firmeza, ambos travados numa disputa silenciosa de forças.— Daniel, acha mesmo que jogar essa acusação de traição na minha cara vai te absolver? Está delirando! Fui enganada por você durante três anos, e em momento algum
O tempo escorreu entre meus dedos sem que eu notasse, e aquele menino vizinho já havia se transformado em Caio. Desde sua chegada ao apartamento ao lado, meus dias ganharam cores e risadas que há muito não experimentava. Compartilhávamos momentos que pareciam escritos pelo destino, sessões de cinema, jantares improvisados e escapadas de fim de semana, como se fôssemos almas antigas que o universo, por capricho, decidiu reencontrar.A sintonia entre nós floresceu tão naturalmente que, sem alarde, minhas preferências e manias já habitavam os lembretes do celular dele. Durante meus dias de TPM, Caio surgia com uma bebida quente e doce nas mãos, gesto que, por breves segundos, sobrepunha sua silhueta à de Daniel. Mas a verdade que meu coração conhecia era clara. Eles eram águas de rios diferentes. Caio carregava uma doçura quase evidente, jamais elevava a voz mesmo quando o mundo parecia conspirar contra. Ele também já havia me confidenciado que seu coração batia por alguém especial.Quand
— Rafaela, finalmente te encontrei! Volta para casa comigo! — A voz de Daniel saía rouca e baixa, os olhos vermelhos e inchados denunciavam noites sem dormir. Aquela postura confiante que sempre o caracterizara havia dado lugar a um semblante exausto e abatido. Ele agarrou meu braço com força, como se eu pudesse desaparecer novamente caso ele me soltasse.— Eu só fui para uma reunião. Como você conseguiu sumir daquele jeito do hospital? Foi algo que eu fiz? Te magoei de alguma forma? Ou será que você já não sente mais nada por mim? — Suas palavras escapavam trêmulas, enquanto lutava visivelmente contra a ansiedade que parecia devorá-lo por dentro.Deixei escapar uma risada seca, enquanto uma onda de ironia amarga me invadia o peito. Nem uma palavra sobre suas próprias mentiras, mas a culpa, essa ele despejava em mim, como se eu fosse a grande traidora daquela história.Percebendo meu silêncio cortante, Daniel baixou ainda mais a voz, agora num tom que beirava a súplica: — Rafaela, me
Daniel percorreu cada canto do hospital com olhar febril, mas não encontrou vestígio algum da minha presença. Tomado pelo desespero, acelerou o carro pelas ruas da cidade até nossa casa, onde continuou sua busca incessante. No entanto, o imóvel já se encontrava vazio, com todos os traços da minha existência meticulosamente apagados.Com dedos trêmulos, ligou repetidamente para meu número e enviou mensagem após mensagem, sem jamais suspeitar que eu já o havia bloqueado, cortando definitivamente nosso contato. A raiva e o desespero se fundiam em seu peito enquanto rasgava violentamente os papeis de divórcio, ignorando as chamadas insistentes e mensagens de Amanda que piscavam na tela do celular.— Rafaela, não importa onde você tenha se escondido, eu vou te encontrar! — Gritou ele, sua promessa ecoando pelas paredes da sala agora despida.Enquanto isso, eu já havia encontrado refúgio num litoral distante e acolhedor. Todos os dias, deixava o sol quente banhar minha pele e a brisa do mar





Último capítulo