Me despierto en algún punto del día, cuando lo primero que tengo es hambre.
Sin perder el tiempo, me levanto para después ir directo a la cocina.
No tengo ni idea de que lo está preparado o listo en las ollas, pero tengo demasiado apetito que sería capaz de transformarme en lobo para comer algo muerto.
Menos mal, agarro un vaso de agua para luego darme cuenta de que hay una comida hecha.
Sin importarme otra cosa, me empiezo a servirme en el plato.
No tengo ni idea si será lo que quiere, pe