Con el corazón latiendo con fuerza, a casi a punto de salirse de mi pecho, mi nueva compañera de viaje conduce como si estuviéramos en una persecución.
Ya nos alejamos bastante del hospital, pero ella sigue conduciendo de la misma manera. Cuando dijo que les haría compañía creí que se refería a Vicente y a ella; sin embargo, la mujer se refería a una niña como de diez años que va en el asiento trasero, distraída en una tablet.
—¿Es tu hija? —indago mientras veo de reojo hacia el asiento trasero