Las palabras no salen, así que me quedo observándolo. Quiero hacerle muchas preguntas, pero la principal es “¿por qué?”.
¿Por qué me sigue haciendo esto, por qué no me deja en paz y por qué me odia tanto?
No merezco nada de esto. Pero aun así no lo cuestiono, no digo nada, solamente lo veo con miedo.
Me llega el recuerdo de mi bebé a la mente y todas esas dudas se apagan, y sé que ahora lo estoy viendo de otra forma.
—¿Qué le hiciste, dónde la tienes? —sin titubear lo cuestiono con lo único rel