Cassie entró en el servicio de mujeres y luego en un cubículo, encerrándose allí. Se sentó sobre la superficie del váter y se llevó las manos a las mejillas que le ardían. La había encontrado infraganti, teniendo relaciones sobre un escritorio como si fuese una maldita zorra. ¡Dios! ¡Qué vergüenza! ¡Que se la tragara la tierra!
—¡Ay!—exclamó enterrando la cara entre sus manos, era vergonzoso.
No supo cuánto duro allí recuperándose de la sorpresa. Salió del cubículo cuando estuvo harta de estar a