La idea de estar a cargo de la cocina me generaba sentimientos encontrados. Por un lado, me ilusionaba el hecho de dedicarme a una actividad que me hacía sentir libre y creativa. Gracias a las clases de cocina que había tenido con Lois, aprendí recetas nuevas y por consiguiente, sentí mayor libertad de crear mis propios platos que fueran una opción más para enriquecer el menú. Claro está que mi motivación crecía cuando todos degustaban de mis preparaciones y me daban su visto bueno.
Sin embargo