En su lúgubre oficina, Frederick Walker estaba parado frente a la ventana, mirando con nostalgia el jardín recién modificado, sitio que había albergado durante casi 10 años los restos de su primera esposa. Como estaba distraído en sus reflexiones, no se percató de la presencia de Stevens, quien acababa de entrar a la habitación para dar su reporte.
—Señor Walker, vine para reportar los movimientos de la señorita Ruiz, tal como lo pidió.
Al escuchar su voz, el hombre se sobresaltó y volteó ráp