Al llegar a la sala, Lorraine encontró un ambiente tan gélido entre Jeremiah y Thomas, que
suspiró de frustración y alzó la voz para atraer la atención de ambos hombres necios.
—¿Qué pasa? ¿Acaso les comió la lengua el ratón?
Esta frase confundió un poco a ambos hombres, ya que jamás la habían escuchado.
—¿Ratón? ¿De qué hablas, Lory? —preguntó Jeremiah intrigado.
—¡Ey! No te permito que hables tan coquetamente con mi novia —bramó Thomas.
—¡No le estoy coqueteando! Deja de ser un maldito celos