Clara abrazó el cuello de Suriel íntimamente, elevando la voz: —Suriel, no te pongas así. Tu hermano Ramón se va a recuperar, no te debilites por preocupación.
Suriel acarició su rostro, con un semblante conmovido: —Doctora, menos mal que estás conmigo, no sé qué haría sin ti.
Clara se acurrucó dócilmente entre sus brazos.
Susurrándose mutuamente como enamorados.
Después de un rato, Clara se incorporó: —Bueno, ya es tarde y no has comido nada. Voy a comprarte algo, no te desanimes, mientras esté