Diego terminó de hablar y se llevó a Clara consigo, dejando a Celestina con un rostro lleno de rencor.
Este hombre era incluso menos comprensivo que cuando era niño, tan despiadado.
Viendo la imagen de los dos alejándose de la mano, Celestina apretó los dientes hasta casi hacerlos añicos.
Una sonrisa fría se formó en la comisura de sus labios, como una serpiente oculta en la oscuridad, con ojos que destilaban una luz verde sutil de envidia y odio.
Clara miraba a Diego de reojo. Notó su mirada, D