El terror que emanaba de Diego la envolvía por completo, y Clara no pudo evitar temblar incontrolablemente.
La única idea que inundaba su mente era que estaba perdida.
Carlos, en cambio, se mantuvo tranquilo, sosteniendo un paraguas a su lado para protegerla de la lluvia y el viento. Su voz era serena: —Hermana Clara, fuera hace frío, adentro estaremos igual de bien.
En cualquier caso, estaban atrapados, y Clara no podía hacer nada para cambiar el resultado.
Clara miró fijamente hacia la persona