Clara vio a Diego volverse loco en la cubierta, como un león furioso al borde del mar, y varios hombres no podían contenerlo, luchando por arrojarse al agua.
Finalmente, Lucas y Fernando se unieron para inyectarle a Diego un sedante en el cuello, logrando así detener su frenesí.
Clara lo observó desde lejos, sin que su corazón se moviera demasiado.
Cuando recibió la noticia de la muerte de su propio hijo, su emoción fue mucho mayor que la de Diego en este momento.
Mientras ellos estaban ocupados