Si se trataba de dinero, las familias López y Blanco eran una alianza imbatible, y lo que no les faltaba era riqueza material.
Pero temían que ellos fueran maliciosos y que lo que deseaban fuera más que el dinero.
El anciano Blanco estaba sentado en una silla de ruedas, con la mano arrugada descansando sobre el reposabrazos, sus venas azules eran evidentes por la ira.
Manuel tenía una expresión grave. Ellos lo comprendían, la identidad de Diego no podía ser revelada bajo ninguna circunstancia, n