El ascensor, que ya era espacioso, albergaba solo a dos personas. Los espejos a su alrededor reflejaban el rostro frío de Diego, mientras ella quedaba atrapada en un rincón estrecho, sin atreverse a moverse, soportando la abrumadora presencia de Diego.
—Jefe López, por favor, respétese. Estás comprometido con Yolanda.
Clara nunca imaginó que llegaría el día en que usaría a la persona que más detestaba como escudo.
Diego la miró fijamente con voz fría: —Ya te dije, no tienes que preocuparte por m