Después de un rato en la cena, se escuchó un fuerte sonido en la mesa cuando Manuel golpeó su copa con fuerza.
Sobrevivir a la batalla otorgaba una autoridad que no requería palabras. Manuel, que rara vez sonreía, dijo fríamente: —Come si quieres, si no, lárgate.
Camila rápidamente agarró su brazo, con una sonrisa en el rostro, tratando de calmar la situación: —Mira lo que estás diciendo. Diego apenas viene de visita y ya lo estás tratando así. ¿Crees que es uno de tus reclutas novatos?
Luego, s