Clara sentía como si un feroz tigre la acechara por la espalda, y que si se movía mínimamente, la otra parte le mordía la garganta.
—¡Ezequiel! —Clara no sabía cuáles eran sus intenciones, así que permaneció inmóvil, sin atreverse a hacer ningún movimiento.
Recordaba haberlo engañado en el pasado, y también que Diego tenía cuentas pendientes con él. Ezequiel incluso la había secuestrado en una ocasión.
Conociendo su carácter violento, que siempre buscaba venganza, Clara no se atrevía a provocarl