Clara levantó la mirada para enfrentarlo, el sol brillaba sobre él, pero sus pupilas carecían de cualquier calidez.
En su lugar, reflejaban enojo, sarcasmo y desprecio.
—Diego, ¿qué es exactamente lo que quieres de mí? ¿Acaso no merezco tener mi propia vida?
A pesar de que ya habían divorciado, este hombre la poseía de una manera aún más intensa que antes del divorcio, llegando incluso a un nivel perturbador.
Diego dirigió su mirada hacia la gran mano que aferraba firmemente la muñeca de Clara.