Diego empujó la puerta de madera y entró en la habitación. La decoración era sencilla, con muebles de madera.
Había una pequeña cama y al lado, un caballete con un lienzo.
La pintura representaba un cerezo en flor bajo la luz de la luna, que confería a la isla un aura de serenidad bajo su luz plateada.
La artista detrás de la obra era indudablemente talentosa, y Diego no tardó en reconocer que era la obra de Clara.
En ese momento, su corazón se llenó de alegría. Finalmente, la había encontrado.