Pera, aunque ingenua, no era tonta. Las palabras de la señora Guzmán le dieron una idea de lo que estaba sucediendo.
Joaquín la amaba tanto que no sabía qué extremos podría llegar a tomar al verla en ese estado.
La señora Guzmán no podía controlar a su hijo, así que venía a desahogarse con ella. Pera se culpaba por retrasar a Joaquín y estaba a punto de arrodillarse para disculparse con Isolda.
Al ver su expresión de temor y angustia, Clara e Isolda la ayudaron a acostarse correctamente.
Clara,