Clara se dio cuenta desde temprano en la mañana de que Diego estaba preocupado. Al subir al automóvil, notó la tristeza en su mirada y decidió acercarse, besándole en la mejilla. —¿Por qué estás siempre tan triste?
Diego vaciló antes de responder: —No es nada.
—Si no me lo dices, seguiré besándote hasta que lo hagas.
—Cariño. —Diego profundizó el beso, antes de algo más erótico, Clara lo apartó de un empujón.
Apoyó su cabeza en su hombro y entrelazó sus dedos con los de Diego, uno a uno. —Aunque