En el momento en que se abrió la puerta, Yolanda aún sostenía la mano de Camila y sonreía con alegría. Su voz era suave: —Mamá, al final somos una familia. En el futuro, podemos hacer que Clara venga a nuestra casa con más frecuencia.
—Yolanda, si puedes pensar de esa manera, me siento aliviada. Tenía miedo de que ustedes dos hermanas no se llevaran bien.
Camila no tenía idea de los planes que Yolanda tenía en mente y soñaba con una reconciliación entre Clara y ella.
Nadie sabía cuánto se emocio