El Silencio de Alexander.
El cambio no ocurrió de manera abrupta; por el contrario, se instaló con la precisión silenciosa de un mecanismo bien calibrado. Alexander no anunció su retirada, no expresó reproches ni exigió explicaciones.
Simplemente dejó de estar. No físicamente, seguía asistiendo a las reuniones, firmando contratos, ocupando su lugar en la cabecera de la mesa con esa postura impecable que parecía diseñada para intimidar sin esfuerzo, pero emocionalmente se volvió inaccesible.
La transición fue tan pulcr