Le sonrío.
—Princesa—le digo, sabiendo que le gusta cuando la llamo así—. Eres una chica inteligente. Sabes que no digo nada que no quiero decir. Lo que me lleva a esto.
Me agacho y levanto el pequeño bolso con su teléfono. Es su teléfono real. No le compré uno nuevo. Ella mira el bolso. Sus ojos se abren cuando saco el teléfono.
Ella lo toma cuando se lo entrego, y la emoción brilla en sus ojos.
—Oh, Dios mío—dice y lo sostiene contra su pecho—. ¿Qué significa esto?
—Te lo estoy devolviendo. No