Abrió la puerta con cuidado, no se veía a los lobos por los alrededores, pero sabía que no andaban lejos, ellos no iban a renunciar a su presa tan fácilmente, en especial cuando intuían u olían que la presa estaba débil.
Con gran esfuerzo caminó los primeros quinientos metros, el sudor le corría por la cara y la espalda. Cuando llegó al promontorio desde donde se veía la cabaña escuchó los gruñidos que lo rodeaban.
Siete lobos adultos y hambrientos lo rodeaban mostrándole sus filosos y largos c