Mientras Tatiana arrastraba a Zurab cuesta arriba de la montaña, un solitario y adolorido Velkan estaba tendido en el suelo de una sucia cabaña, y como si fuera poco, ya casi no tenía agua, desde hacía bastante tiempo solo tomaba un sorbo cada hora para mantenerse hidratado.
La comida ya se le había terminado, solo le quedaban unas pocas galletas las cuales ya no quería comer porque incrementaban la terrible sed que estaba comenzando a sentir.
Se sentía débil y muy cansado. Decidió cortar la bo