17. Un Día De Paseo
Ya habían pasado veinte días desde que llegué a Australia, y aunque es poco tiempo, el lugar comenzaba a gustarme. La gente me había tratado bien, y había hecho nuevos amigos y compañeros de trabajo. Eso era un alivio, ya que, de no haber socializado, me sentiría tan sola como un perro. Nat, por su parte, era un ser humano verdaderamente cariñoso y comprensivo. A pesar de estar siempre agotada, ella no paraba de trabajar.
Gracias a Nat, conseguí dos trabajos: uno en un restaurante y otro en una