El aire era sofocante cuando sus miradas se encontraron, los nervios por la situación indecorosa del momento. Al segundo, Felipe fue rociado con agua fría. Le empapó de pies a cabeza. Entonces, lo echaron del baño y se escuchó un portazo, Clara gritó a través de la puerta
—¡Pervertido!
Felipe frunció el ceño. Su mente se llenó con la imagen de la espalda herida de Clara. Él desconocía tales heridas. Tuvo tiempo suficiente para ver que eran graves. Las marcas resaltaban en su pálida espalda, te