Observo la serie de fotografías que me entregó Rob, y que se encuentran desplegadas sobre la mesa de mi escritorio. Desde que las recibí, he escuchado latir mi corazón con más fuerza que nunca. Extiendo mi brazo y alcanzo con la mano una de las imágenes. Deslizo la yema de mi dedo sobre ella y la recorro con lentitud.
―El avión estará listo en cinco minutos, Lud,
Me informa Robert al entrar a mi oficina.
―Que el equipo esté listo.
Respondo sin apartar la mirada de las diapositivas.
―¿Crees que e